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Convocatoria Historias cubiertas de Escarcha – 2do Lugar


El consejo editorial de Roark Ediciones, se enorgullece en otorgar el segundo premio de la convocatoria Historias cubiertas de Escarcha, del genero de relato o cuento con temática de navidad, hanuka, saturnalia y temas a fines, a Karla Tapia, con su cuento EL MILAGRO NAVIDEÑO. Muchas gracias a todos los participantes. Feliz navidad y prospero año 2026.

EL MILAGRO NAVIDEÑO
(Historia basada en hechos reales).
de Karla Christina Tapia.

Era la época decembrina del año de 1916, en un poblado pequeño de Sonora, México; vivían en una bella hacienda llamada “Los Caudales”, repleta de animales, arboladas y huertos, una acaudalada familia, los Verástegui Aldama, en compañía de su personal de mantenimiento y caballerangos, entre ellos un capataz quien tenía un comportamiento, rebelde, siendo una persona hosca y mal encarado. La familia estaba compuesta por Fausto, padre y jefe de familia, quien se dedicaba a la cría y venta de ganado; Sara, su esposa, quien atendía y criaba a sus dos péquelos hijos y uno más que venía en camino.

Una noche, en las caballerías, se escuchó un alboroto. Lo que obligó a Fausto acudir al lugar, mientras que Sara corría a la habitación de los niños, pues cuando su esposo se encontraba en el exterior, un par de detonación de armas de fuego seguidas por alaridos de indios Yaqui cimbraron la hacienda, para de inmediato teñir los ventanales y espejos de un fulgor ámbar originado por el fuego nocturno que crecía rápidamente en rededor.

Sara cargando a sus dos pequeños, huía aterrorizada dirigiéndose a la puerta de servicio que daba a un túnel secreto, mismo que conducía al exterior de la hacienda, cuando sin percatarse, tropezó con el cuerpo sin vida de su esposo Fausto, producto de las lesiones ocasionadas por varias flechas incrustadas en su pecho. La mujer intento gritar horrorizada, pero un nudo en la garganta aprisiono su desgarrador dolor, aunado que esto podría revelar su ubicación para sus allanadores.
Ante el fuego y el pánico de los trabajadores sobrevivientes, en la hacienda un nuevo dueño había arribado, el asesino de Fausto, quien a su vez era su medio hermano. Un indio Yaqui resentido con la vida, ya que era hijo no reconocida del padre de Fausto y por venganza espero la oportunidad para llegar y apoderarse de la hacienda “Los Caudales”.
En aquella noche helada, Sara con sus pequeños, contemplaban en la distancia el humo del que había sido su hogar, que paulatinamente iba desapareciendo de su vista. Ella se mantenía por las afueras del poblado adentrándose cansada a las orillas del desierto. Llegó un punto en que a pesar del cansancio hizo una fogata quedando rendidos pernoctando en la intemperie ella y sus dos pequeños.

A la mañana siguiente Sara se encontraba decaída por sus sentimientos de desolación, miedo y tristeza. Sabedora de que el peligro aún estaba vigente, despertó a sus hijos y siguieron caminando. Más de medio día había pasado, cuando una modesta y abandonada cabaña, en ella había un catre, platos y tres servibles lámparas de petróleo. Calentó agua y los tres tomaron un baño. Sin comida, ni pertenencias, con el recuerdo de su esposo tendido con esas flechas y sangre, Sara se puso a rezar, le pidió a Dios una señal. Los niños ya comenzaban a desesperarse por el frío y el hambre, aun así, se quedaron dormidos en el calor de un techo.
Era la noche del veinticuatro de diciembre, cuando Sara escucha pisadas fuertes a fuera de la cabaña, cuando de pronto: Toc, toc, toc. Alguien golpeaba a la puerta.
Sara temerosa se levantó, aguardo un par de segundos y abrió la puerta. En el umbral, se encontraba de pie un señor bien de rostro amigable, pulcro y de buenas ropas, de cabello entrecano y largas barbas blancas.

—Mujer necesito posada—. Solicitó el desconocido.
—Usted disculpara, pero no tenemos un lugar que brindarle, solo tenemos un catre.
—Permítame quedarme en un rincón, se avecina una fuerte nevada, mi burrito esta cansado, no puede continuar. Y yo tampoco—. Suplicaba el señor.
Sara se volvió hacia sus hijos y algo en el semblante de se hombre le proporciono algo de paz y confianza.
—Adelante, nadie debe sufrir esta tempestad—. Indicó Sara y con ello aceptó que ese desconocido se alojara esa noche dentro de la cabaña.
El rostro del hombre se ilumino de felicidad, para gozó exclamar. — Muchas gracias Mujer por ayudarme, iré a mi burrito por algunas cosas.

El señor regreso con pan, leche, unas tiras de chorizo y les preparo una deliciosa cena navideña. Terminaron de comer y Sara durmió a sus hijos. Regresó a sentarse para platicar con su invitado. Ella le narró lo que había sucedido y el señor la escuchaba como si estuviera al tanto de lo ocurrido. Con el trascurrir de la noche, ambo se fueron a dormir a sus respectivos lugares.

Con la llegada de las luces del alba, Sara despertó para revisar todo, pues, aunque no había acaecido nada durante la noche, aún sentía un tanto de desconfianza de su huésped, sin embargo, se percató de que esté ya no se encontraba. Sara salió de la casa y lo primero que contempló fue al burrito con toda la carga que tenía guardando. Ella espero dos días a que esta persona misteriosa volviera por sus pertenencias, mas no fue así, entonces la mujer y sus hijos desayunaron y comenzaron su viaje hacia otra ciudad montados en el burrito a quien milagrosamente, no se le acababa la carga.

Fue así como ellos y su futuro miembro de la familia, salieron avantes con este milagro de Navidad, que no fue más que esa respuesta que tanto le había pedios a Dios.

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