El consejo editorial de Roark Ediciones, se enorgullece en otorgar el primer premio de la convocatoria Historias cubiertas de Escarcha, del genero de relato o cuento con temática de navidad, hanuka, saturnalia y temas a fines, a Rocío Gutiérrez, con su cuento EL MUÑECO DE NIEVE. Muchas gracias a todos los participantes. Feliz navidad y prospero año 2026.
EL MUÑECO DE NIEVE
de Rocío Gutiérrez
La nieve había caído durante toda la noche, silenciosa y brillante, dejando la calle cubierta por un manto blanco. En cuanto la luz entró por la ventana, dos hermanos, Javier y Rocío, ya estaban preparados para salir. No podían resistirse a aquella mañana mágica.
—¿Quién llega antes al final de la cuesta? —dijo Javier cogiendo su bici.
—¡Preparados… ya! —gritó Rocío, ajustándose la bufanda y montándose también en su bici.
Las ruedas dejaron dos caminos perfectos sobre la nieve fresca mientras se lanzaban cuesta abajo riendo sin parar. Corrieron a toda velocidad y acabaron en el parque tirados en el suelo, gritando de alegría.
—¡Batalla de bolas de nieve! —propuso Rocío de repente.
La primera bola voló antes siquiera de que terminara la frase. La segunda fue aún más rápida. En un momento estaban corriendo de un lado a otro, esquivando las bolas que zumbaban a toda velocidad, riendo a carcajadas. Hasta que una bola enorme se estrelló contra la cara de Javier y lo dejó lleno de nieve.
Rocío lo miró y soltó una tímida carcajada.
—¡Pareces un muñeco de nieve! —le dijo.
—Pues… —respondió él, sacudiéndose la nieve de los ojos—. ¡Podríamos hacer uno!
Los dos se pusieron manos a la obra. Colocaron una bola gigante para la base, otra para el cuerpo y una más pequeña para la cabeza. Buscaron piedritas para los ojos, una rama corta y gruesa para la nariz, ramas finas para los brazos y le pusieron la bufanda azul de lana que llevaba puesta Rocío. Cuando terminaron, dieron un paso atrás y admiraron el muñeco.
Fue entonces cuando un rayo de sol atravesó una fina nube, se reflejó en un pequeño arcoíris sobre la nieve y cayó directamente sobre el muñeco. La bufanda azul se movió con un leve destello… y, de pronto, los ojos de piedra, increíblemente, parpadearon. El muñeco de nieve parecía sonreírles.
—Hola —dijo una voz suave y alegre.
Los hermanos se quedaron congelados, pero el muñeco sonrió aún más.
—No tengáis miedo. La magia de la Navidad me ha despertado —explicó con voz cálida—. Cada año, cuando los corazones de los niños están llenos de ilusión, la luz del sol y el arcoíris pueden darme vida por un ratito.
Javier y Rocío se miraron maravillados e incrédulos.
El muñeco prosiguió: —Vengo para recordaros algo importante. En Navidad a veces pedimos muchos regalos, muchas cosas materiales, pero los regalos de verdad no se compran. A veces, lo que más brilla no está envuelto en papel. Lo más valioso es lo que nos une. El gran regalo es poder jugar juntos, estar calientes en casa, reír en familia, tener comida en la mesa y sentirnos queridos. Esos son los tesoros que no se estropean nunca.
Los niños bajaron la mirada, pensativos. Era verdad. Muchas veces se enfadaban por pequeñas cosas o querían más juguetes, se quejaban por cosas que no eran tan importantes, sin darse cuenta de lo afortunados que eran.
—Es cierto —dijo Rocío mirando a su hermano.
—Gracias por recordárnoslo —susurró Javier.
El muñeco asintió.
—Disfrutad de lo que tenéis. Y decid a quienes os quieren, mientras aún podáis, lo importantes que son para vosotros y lo agradecidos que estáis de tenerlos. El espíritu de la Navidad es ese realmente: vivir así cada día del año, poder juntarnos con quienes queremos y disfrutar de la vida. Ese es el verdadero regalo, poder compartir.
La luz del sol volvió a brillar sobre él, y, sin siquiera despedirse, poco a poco su sonrisa se quedó quieta, inmóvil, como si se durmiera otra vez. Los hermanos supieron que la magia había terminado.
Volvieron a casa caminando despacio, en silencio, con el corazón encogido. Cuando abrieron la puerta, corrieron a abrazar a sus padres.
—Gracias por trabajar tan duro para que no nos falte de nada —dijo Rocío, apretando fuerte a su madre.
—Y gracias por querernos tanto —añadió Javier—. Eso es… lo más valioso de todo.
Sus padres se quedaron sorprendidos, pero se juntaron los cuatro y les devolvieron el abrazo, sintiendo que algo especial les habría ocurrido aquella mañana. Los niños no contaron lo que habían vivido con el muñeco de nieve, lo guardaron siempre en su corazón, como un tesoro que les recordaría para siempre lo que de verdad importa.

