El consejo editorial de Roark Ediciones, se enorgullece en otorgar una mención honorifica de la convocatoria Historias cubiertas de Escarcha, del genero de relato o cuento con temática de navidad, hanuka, saturnalia y temas a fines, a Bernardo R. Villatoro, con su cuento CASI LA UNA. Muchas gracias a todos los participantes. Feliz navidad y prospero año 2026.
CASI LA UNA
Bernardo R. Villatoro
La noche gobernaba implacable la carretera, era casi la una de la madrugada. El tablero marcaba tres grados Celsius y, mientras avanzaba rumbo a casa, Aldo bebía sorbos breves de su termo con café oscuro, su único aliado para no dormirse. La temporada navideña se insinuaba en anuncios, luces lejanas y en la presión silenciosa de los regalos que aún debía comprar para Amelia, su pequeña hija.
Para espantar el sueño, había estado escuchando podcasts de historias misteriosas. Una en especial volvió a su mente: la de un trailero que aseguró haber levantado a una joven en plena autopista. Ella quería llegar a la gasolinera más cercana tras una discusión con su prometido. El camionero la subió sin dudar, quizá por querer socorrer, quizá para no ir solo o quizá por el atractivo de la muchacha; sin embargo, al atravesar un túnel en las cercanías del primer poblado, la cabina quedó vacía.
La historia le había provocado escalofríos, pero también una curiosa fascinación. Aldo imaginó cómo sería vivir algo así y sonrió, dándole un sorbo largo a su café.
Pensaba en lo cercana que estaba la Navidad cuando un destello cruzó la carretera. Brusco, cegador. Perdió el control por un segundo y frenó de golpe. El silencio posterior fue aún más extraño. Miró alrededor, pero no encontró rastro de la fuente de aquella luminiscencia. Entonces sintió algo tibio recorriéndole el labio superior: estaba sangrando. Buscó el acotamiento, estacionó el coche y encendió las intermitentes. Permaneció unos minutos reclinado, con un pañuelo presionado contra la nariz, hasta que el sangrado cedió.
Al intentar encender nuevamente el auto, éste se negó a responder. El tanque tenía gasolina; la temperatura era normal; nada sugería una falla mecánica. Tomó su teléfono para pedir asistencia vial. Sin señal. Maldijo en voz baja. No tuvo más opción que colocar los señalamientos y esperar a que pasara alguien. Una risa irónica se le escapó: la situación parecía una mala copia de la historia del trailero.
No pasó mucho tiempo antes de que dos luces se acercaran por la autopista. Aldo hizo señales con su teléfono y el tráiler se detuvo unos metros más adelante. Corrió hacia la puerta del camión. El conductor resultó ser una mujer de unos treinta años, de gesto amable y voz firme. No dudó en ofrecerle un aventón al poblado más cercano para que pudiera pedir ayuda.
Mientras avanzaban por el tramo oscuro, entablaron una conversación ligera. Aldo le contó que deseaba llegar cuanto antes a casa para celebrar Navidad con su familia y que llevaba los regalos de Amelia, su hija, en el auto varado. Mientras recorrían el camino, ella, le confesó que, a pesar de estar acostumbrada a la carretera, trataba de no detenerse en medio de su recorrido por ningún motivo, admitió haber escuchado rumores desde apariciones y sucesos extraños, así como de asaltos en aquella zona. Aldo, intrigado, le preguntó si había vivido algo similar, pero la conductora negó con una sonrisa tensa.
Antes de llegar al siguiente poblado, el tráiler debía pasar bajo un pequeño puente. Continuaban hablando sobre historias sobrenaturales cuando la luz de los faros se filtró desde el otro extremo. Fue entonces cuando la conductora sintió un escalofrío recorriéndole la espalda. Miró de reojo el asiento del copiloto y se quedó petrificada. Iba sola.
Al entrar al poblado, se dirigió a la gasolinera y frenó, aún con las manos temblorosas. Varios traileros, al verla pálida y aturdida, le preguntaron qué había ocurrido. La mujer contó que había recogido a un hombre cuyo auto se había quedado sin encender y que lo llevaba al pueblo para hacer una llamada. Pero, al pasar bajo el puente, él simplemente… desapareció.
Hubo un silencio denso. Finalmente, uno de los camioneros, un hombre mayor de voz grave, tomó la palabra:
—Te topaste con un alma en pena. Hace años, un muchacho se accidentó por aquí mismo. Era veinticuatro de diciembre. Dicen que venía medio dormido y se volcó.
Su carro quedó destrozado y los regalos que llevaba para su hija quedaron regados por la carretera. Desde entonces, algunos dicen que lo han visto en estas fechas… intentando llegar a casa para entregarlos. La mujer se quedó inmóvil. Afuera, la noche seguía extendiéndose como un manto profundo, indiferente. Y en algún punto de la autopista, quizá junto a un auto inmóvil con las intermitentes encendidas, Aldo aún buscaba regresar.

