Para sumergirnos en el frenesí excepcional de la prosa narrativa de David Becerril primero hay que entender una cosa. Los límites impuestos por la capacidad humana deben desaparecer y dar paso a la innegable adaptación del ser, la experiencia misma de las letras que fluyen de un bolígrafo que escribe historias extraordinarias.
La conspiración en Jericó es una puerta, un umbral o un hoyo negro que profundiza en ideas ambiguas y transforma la dinámica de la comprensión existencial. Una manifestación cuantificada en miles si vislumbramos la posibilidad de atravesar al otro lado y darnos cuenta que como en una telaraña quedamos prisioneros y prácticamente puede ocurrir lo que sea. De eso estamos hablando y a eso nos vamos a enfrentar.

Si te gustan las historias de crímenes o de aquellas aclamadas novelas “Noir”, este libro sobrepasa (de alguna manera) ambas alusiones. David Becerril con sus historias de maquinación detectivesca, pone sobre la mesa cartas que incluso el más hábil de los mortales no podría deducir. La magia de Abel Infante y los personajes inmersos en la trama son la intriga visceral de una mente que en la locura espontanea, crea un paisaje oscuro, sombrío, meditabundo. En este punto el autor ha logrado capturar la esencia de un mundo creado en la imaginación clásica de una literatura de antaño, de esas que marcaron época y que dejan cicatrices en la piel del alma del lector.
La novela negra es ocasionalmente difícil de digerir, pero, David Becerril, de la mano de Abel Infante nos lleva en una transición coherente (a veces) para darnos a entender que La conspiración en Jericó es solamente un comienzo, una probada deliciosa de lo que, en mi entender, se convierte en la “Saga de Abel Infante”, y la de otros personajes que en los libros subsecuentes dan vida a los escenarios viciados de intrigas y misterios. Estoy seguro que este primer libro (que derivó en una trilogía accidental), será el parteaguas fundamental para comprender la literatura del Universo de Becerril (el Becerrilverso como lo llamamos algunos) y con seguridad lo escribo, “Querido Abel” y “Muerte en la Telaraña” serán referencias inevitables en el acervo cultural y de lectura de quien se atreva a leer este primer libro.
